Encarnación del cierzo
Evoco la alegría del verano
al pensar en las horas en el río,
las tardes con vencejos, las noches estrelladas,
tu risa junto a mí.
Pero evocar no sirve y es inútil.
Todo cuanto se fue con el otoño,
con el invierno vuelve de otra forma
al corazón del hombre,
en un giro impiadoso, atemporal,
vivísimo. Encarnado.
Baja de la montaña el cierzo, cierra
el horizonte, ríen las ventanas
al encender las luces. Yo no veo
los húmedos tejados ni a la gente
que vive en esas casas:
tan sólo una sonrisa para mí
brillando en un agosto eterno,
que está existiendo siempre,
aunque fuera hace mucho tiempo ayer.
Antonio Manilla


Sem comentários:
Enviar um comentário