EMPEZÓ CON UN TITÁN
Prometeo
en toda su historia
vertió una sola lágrima.
Él, padre
de un mundo estéril,
dejó cristalizar
y amó cada faceta
de aquella gota negra.
Fue volcánico su deseo
de panacea y bendición,
el pilar con que quiso
dar remedio
a su error.
Como poeta inútil
que vive del bronco dolor
en este pecho de almendro,
desde el que una vez
el titán
nos regaló el más maldito
don.


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