Es mi carne un instrumento
que se toca: su mano
toda cosa aviva y florece.
En su boca hay un camino
que no puede deshacerse:
dice mi nombre y mi amor acude.
***
Al volver, la casa apestaba:
la vergüenza es un animal
que orina sobre toda cosa.
Y en el suelo de mi cuarto,
mi gata había vomitado
unas flores mías
que se había comido en secreto.
A veces la memoria, me dices,
es como un perro enrabiado,
pero la palabra tiene la mandíbula
más robusta.


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