Al verte morir año tras año, estío,
contigo me voy muriendo.
Muero añorando esa luz que se despeña contra las ortigas,
bañando las mareas, desarbolando las almas ávidas de libertad.
Y ante la más que cantada senectud de una algarabía
que venía rompiendo las rutinas, de manera sibilina
comienza el tiempo como a derrumbarse,
como a disolverse,
a dispersarse como árbol que se inmola,
como amor agonizante,
como carrusel apolillado.
Muero contigo, estío;
cada año más atónito y entristecido
al verte girar hacia el abismo otoñal el cual,
aún siendo hogar y matria,
me ahoga en su intolerancia, en su mermar,
en la distancia que expandiendo se va
entre la derrota de nuestros sueños y la ambición
de un futuro que zarpa hacia lo menguante.
Mueres, estío, y yo contigo.



















































