Las personas corrientes
Hurtar en el café
las propinas dejadas en las mesas,
unos céntimos,
unas monedas blandas,
un poco de ceniza de cuando
se podía fumar,
una caricia apenas sugerida,
el hueco de alguien
que no acudió a una cita,
alguna lágrima,
una conversación interrumpida,
toser, carraspear,
creer que un sorbo de cerveza
nos puede suavizar la memoria quemada.
De eso vivo,
con eso escribo mis poemas,
con lo que sin saberlo
van dejando olvidado sobre los veladores
las personas corrientes que sostienen mi mundo.


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