El payaso
Sonrío con el labio del payaso
que se sabe médico-profeta,
instructor de jarabes poéticos,
pomada para adultos tristes y niños,
balada literaria bajo mi estrella.
Mi electricidad está a tus dedos unida
como cables de wifi conectados;
señales que, como barcos,
navegan el aire
y son origami celeste
sobre fondo de luz.
El poeta es el pianista, la melodía y el piano,
el capitán, las olas y el navío;
corchea
que introduce el pie en el lago
es su esencia.
No es cuidador de rebaños el poeta, Pessoa,
es más bien domador de murciélagos,
de toros yanquis
(paz, sin ti, son tan salvajes,
a veces, los pensamientos…),
águila que porta en el bolsillo mensajes,
antorcha de mi espíritu.
Cuando compongo, como Mozart,
soy músico, pero también soy albañil-poeta
y defiendo a obreros y a empresarios.
Me convierto, al fijarlo, en el ladrillo.
Mi corazón se crea en el sudor de la pala.
La vida es un jardín.
Al bautizar los cimientos construyo
la futura casa que será el poema
(paredes fuertes, cuartos, ventanas)
y este manuscrito
por el que paseas, ahora y para mí,
sin ropa interior.
He aquí el labio del payaso,
la trompeta de amor que, allá, el cielo,
artista acróbata, en su lejanía,
con su pincel galáctico me afirma:
página frecuente de alas,
periódico de aguas llenas de peces,
tobogán humilde del sol por el que avanzo,
desciendo de color rosa
y es mi recreo.
La nieve, allá, frente a la valla,
me llama: escucho su silencio.
Lanzo
mi ballesta de paz al centro del pájaro,
a su nido exacto de poemas:
campanas eternas
hacia lo azul.
***
Pájaro padre
La voz de un pájaro padre
me recuerda que yo también soy padre
sin tener hijos
y que cada humano es un huevo
del que puede brotar una lámpara.
***
Jesus Torres Beato


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