En el álbum de cosas del pasado
se ve al niño a la espera, un poco incrédulo
de todo lo que ve. Las condiciones
de la felicidad,
el arte de ser crueles,
la sinrazón y aquel aprendizaje
de extrañas disciplinas
para sobrevivir a los adultos,
es cuanto se le da a modo de herencia.
Atónito, inocente, colegial,
tan violento y sombrío,
contempla todo aquello
y acepta ciegamente la lección
de estar perdiendo todas las batallas.
Carlos Pujol


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