La ceremonia de la razón esgrimida
oscurece el sentimiento del otro
y forma hielo entre las sábanas del pasillo
que une nuestras dos habitaciones
Revestidos con las casullas de nosotros mismos
envueltos en el incienso propio
recitamos monótonamente
mi derecho y mi derecho
mientras que nos recluimos
sacerdotes del sacrificio humano
en trascendentales símbolos
aislándonos en gigantescas catedrales


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