reflexiones para un poema introductorio sobre los dominios
la infancia pertenece a la familia; la adolescencia, a la amistad
la juventud es pertenencia del amor y sueña recoger con sus manos los higos maduros directamente de la higuera
estos dominios son de glorias y pleitesías, de errores sencillos en el cálculo
las personas que habitan estos tres primeros dominios creen tener el derecho de los príncipes, pero temen que sus tragedias sean insignificantes. Algunos terminan comportándose con pudor en los juegos, evitan saltar y callan, aunque se vean desbocados y estallados por dentro y puedan haberles sucedido desgracias innombrables
la madurez, aunque de apariencia ensimismada, consiste en alcanzar completa posesión de uno mismo o, según el esotérico, de abandonarse a la posesión humilde que el ser puede llegar a hacer por completo de uno. En resumen, de tener la casa en orden, permitir en cualquier momento la visita e, incluso, en la plenitud del poder, negarse a recibir visita alguna, cerrarle la puerta a la bienvenida y esperar a oscuras en la casa
la vejez se ve asediada de abandono, ya sea por la entrega o por la evasión de quedar embargados por su ímpetu flaco, que recuerda el corazón enigmático y granuloso del higo partido sobre la mesa
Una serpiente cruza un sendero, de Carlos Bueno Vera


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