Cuando hay estas tormentas de verano
me acuerdo que revientan
olas enormes sobre el malecón. Uno pasa
y de pronto lo asaltan gotas sucias
pesadas como perros.
Mis hijas se reían asustadas ese día,
miedo y alegría, de que las voltee el mar.
El viento les inflaba los vestidos
como a pequeñas damas del siglo XVII.
Corrimos hasta el auto porque el aire
mojado nos heló,
y por un instante insoportable
se volvió la alegría
de tener ese hogar.
***
Génesis
Me comí una mandarina
Las semillas brotaron de mi boca
Desde el labio pulposo se lanzaron al plato
Ése fue el fin del árbol y del fruto. De ahí, a la basura,y basta.
Mario Nosotti


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